¿La alimentación influye la apnea?

¿La alimentación influye la apnea?

Las consecuencias de la apnea del sueño en la alimentación

El consumo excesivo de alcohol, nicotina y comidas copiosas son claras muestras de que podríamos padecer apnea del sueño. Este trastorno suele estar más presente en las personas que padecen obesidad. Al dormir menos, tenemos más tiempo libre y lo empleamos en comer, generándonos un trastorno alimenticio y una ganancia de peso.

¿Padecer apnea del sueño implica directamente tener sobrepeso? Esta no es una norma general, aunque los estudios demuestran que más del 80% de las personas afectadas por ésta sufren obesidad. Más presentes en hombres que mujeres, este trastorno común nos provoca la interrupción del sueño desde unos segundos hasta varios minutos. Que no descansemos puede afectar a nuestro rendimiento, nuestra energía en el día a día, nuestro estrés y sobre todo, puede también afectar al estado de salud de la persona que duerme a nuestro lado.

Por todos son conocidos algunos efectos secundarios que provoca la apnea del sueño como la impotencia, la falta de apetito sexual, la sequedad de la boca o incluso la depresión, pero lo que muchos desconocemos es que también afectará a nuestro peso, pues el estrés y la necesidad de ocupar esas horas de la noche que no podemos invertir en el sueño, las emplearemos comiendo de forma descontrolada. Comer y fumar durante nuestros despertares nocturnos contribuirá a un aumento del índice de masa corporal (IMC) y al desarrollo de la obesidad. El perfil del paciente afectado por la apnea del sueño suele ser el de un varón de 40 años, que al no poder dormir, fuma y come sin cesar para volver a retomar el sueño.

¿Influye tanto la privación del sueño en las consecuencias metabólicas que provoca en nuestro cuerpo? La respuesta es sí. La apnea del sueño repercute directamente en un incremento notorio del índice de masa corporal (IMC). Diferentes estudios enfocados en un sector concreto de la población han determinado que una duración reducida del sueño está estrechamente relacionada con cambios notorios en las hormonas encargadas de controlar el hambre. Así pues, pudo comprobarse que los niveles de leptina (reductora del apetito) eran bajos, mientras que los niveles de grelina (estimulante del apetito) eran elevados. Estos efectos se detectaron en pacientes con una duración del sueño inferior a las ocho horas. ¿A qué conclusión llegamos? Pues que las personas con privación del sueño serán más propensas a adquirir el factor de riesgo de la obesidad. De igual modo, el estudio también se realizó sobre varones sanos que habían dormido una media de cuatro horas. Esas cuatro horas de sueño se asociaban a un deseo mayor de ingerir alimentos altamente calóricos con un elevado contenido en carbohidratos (dulces, salados y ricos en fécula), manifestando además no sentirse saciados con lo que habían comido.

La apnea del sueño es un trastorno que afecta al 24% de los hombres y al 9% de las mujeres. Al interrumpirse la respiración durante el sueño, se generará un sueño de peor calidad y fatiga durante el día. La privación de sueño tiene además un efecto negativo en la capacidad del organismo de administrar la glucosa, por lo que podría aumentar el riesgo de que padeciésemos diabetes. Ahora llegamos a una conclusión. Si la falta de sueño nos hace tener menos energía durante el día, esas personas serán menos activas físicamente, lo cual sumado al incremento del apetito y al deseo de comer, provocará que los aspectos obesogénicos apareciesen.

En resumen, la apnea del sueño es un problema más serio de lo que parece, ya que aunque pensemos que es un mero trastorno respiratorio que afecta al sueño, todo va encadenado y éste a la par afectará a otros aspectos de nuestra vida como la alimentación. Cuando se trata de salud, todo está interrelacionado y debemos poner límites con la mayor premura posible si no queremos que cuando vayamos a actuar sea demasiado tarde.

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