Todo lo que debes saber sobre el desfase del sueño en adolescentes

Todo lo que debes saber sobre el desfase del sueño en adolescentes

Todo lo que debes saber sobre el desfase del sueño en adolescentes

Cuando hablamos del desfase del sueño en adolescentes no nos referimos solamente a la patología que puede denominarse clínicamente como un problema de insomnio sino de todos los elementos que afectan a los adolescentes en la actualidad a su tiempo y horario de sueño, que por ende, afecta a la calidad del mismo.

Determinados estudios académicos, apuntan a que el desfase de sueño en adolescentes disminuye el rendimiento académico y la asistencia a clase, ya que no debemos olvidar que el sueño es uno de los elementos principales en nuestra salud cotidiana.

Causas y consecuencias del desfase en el sueño

Un estudio publicado por la prestigiosa revista ‘Nature’, concluye que los jóvenes estudiantes padecen un desfase de sueño entre los días laborables y el fin de semana de hasta cuatro horas de duración.

El estudio también arroja otro dato preocupante: casi el 94% de los adolecentes no duerme el número de horas recomendado para su edad (entre 8 y 10) y muchos no llegan ni a las 7. No son pocos los estudios realizados al respecto.

Al igual que cuando son más pequeños, controlamos más o menos bien las rutinas y horarios de nuestros hijos, cuando empiezan a crecer, y más aun, llegada la pubertad y la adolescencia, cada vez se nos hace más difícil tener control sobre ellos.

No es sólo el hecho de ordenarles que se acuesten temprano ya que están obligados a madrugar más y a tomar las riendas de sus estudios con cierta responsabilidad, que se va incrementando a medida que cumplen años, sino que somos incapaces de controlar que el tiempo que están en la cama sean capaces de dormirse.

Evidentemente uno de los factores que más afecta al desfase del sueño de los adolescentes, además de las preocupaciones propias de su edad y estado hormonal son los dispositivos electrónicos, de los que cada vez son más dependientes, así como de programas y de series que activan su cerebro en exceso.

Esta situación, adquirida de una forma más o menos rutinaria, puede llevarles a la privación crónica de sueño durante los días de la semana, que según diversos especialistas, tratarían de corregir el fin de semana.

El problema surge cuando sabemos que el sueño perdido no se compensa, y que se alteran los ritmos circadianos del sueño. Las consecuencias no son baladíes, ya que afecta en el metabolismo, la obesidad, estado de ánimo, los niveles de glucosa, la motivación, la atención y el rendimiento escolar.

Los adolescentes necesitan dormir durante la noche una media de entre 8 y 9 horas. Además de la sobre estimulación diaria que pueden obtener de los aparatos electrónicos, nos enfrentamos ahora a la especial sensibilidad del adolescente, quien en cierto modo y en determinados momentos es esclavo de sus hormonas, de sus emociones y de sus desesperaciones, que no son capaces aún de gestionar por falta de madurez fisiológica e intelectual.

El exceso de tareas escolares, los mensajes del móvil, las bebidas excitantes o energéticas tan de moda, los efectos de la presión mediática y sanitaria de la pandemia, sus problemas personales en el instituto o en casa (algunos reales y otros generados por la propia edad del adolescente)…

Sumados a la rebeldía propia de su edad, sus emociones a flor de piel, los ambientes en que se mueven… todo afecta, y les afecta de un modo exponencialmente incrementado por su propia revolución interna y madurativa.

La solución

Podemos intentar establecer con ellos rutinas, hablarles, mantener una comunicación asertiva y positiva, asegurarles lugares agradables y silenciosos para estudiar, establecer límites con la tecnología, y seguramente todos esos consejos funcionarían a la perfección (dentro de lo que cabe) si no tuviésemos el hándicap de que son adolescentes, y es muy difícil que los atiendan.

Tengamos en cuenta que habrá momentos en que debamos acudir a un profesional, especialmente si percibimos que el adolescente no está durmiendo bien y esto interfiere con su salud o su capacidad para realizar las actividades diarias.

Porque si bien en gran medida puede revertirse la situación con las técnicas psicológicas y de higiene del sueño adecuadas, hay momentos en los que es preferible consultar si puede existir algún tipo de conflicto de base que esté impidiendo la conciliación o la calidad del sueño del adolescente.

No podemos minimizar el impacto que para ellos a su edad tiene todo lo que les rodea, y pese a que es posible que esté lo suficientemente sensibilizado de la importancia que tiene dormir bien y suficiente; ello no le sea posible.

Entonces la falta de sueño será un añadido pero seguramente nos enfrentemos a que hay algo más que debemos “arreglar”, algo fisiológico o psicológico. Algunos signos pueden ayudar a identificar la falta de sueño de los adolescentes es que estén irritables o tristes o no se concentren en clase. Es posible que estén sufriendo un problema fisiológico que les impida dormir bien.

Pero no podemos perder de vista que estamos tratando con una edad y una etapa vital especialmente compleja, que puede ser muy enriquecedora pero también muy difícil de gestionar para ellos mismos, y más aún para los padres, por lo que ante cualquier duda sobre la posibilidad de que padezca alteraciones del sueño o insomnio, lo mejor es contar con ayuda experta que analice su calidad de sueño y pueda identificar posibles patologías.

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